Cum Grano Salis. Por, Manuel Delgado

Manuel Delgado

Estos días me han hecho volver 50 años atrás para tratar de enterarme de lo que está pasando en el patio de “la izquierda” más izquierda.

Me explicaré recordando en voz alta: entre 1960 y 1965 al hilo del debate sobre el concilio cristiano Vaticano II, una parte de los efectivos eclesiásticos españoles se orientó hacia “el compromiso social” y, de aquéllos, la parte más crítica se fue desvinculando de la iglesia y de sus comunidades poco después; el punto clave fue la incongruencia de mantenerse dentro de la Iglesia rica y poderosa. Ellos fueron haciendo sus comunidades cristianas, manteniéndose en el “margen” de la actividad política -ilegal y perseguida-, hasta el 75/76 en que, como setas con buen tempero, asomaron en todo el abanico político de la izquierda (y de una u otra forma se vincularon al PCE o al PSOE, o al PSOE tras el PCE, recorriendo siglas en busca de acomodo).

Su “compromiso social” les proporcionaba la coartada para no pensar, en coherencia ideológica o programática: ellos “cum grano salis”* podían y debían influir en las instituciones políticas y sociales, y, arropados por sus comunidades, estuvieron en las direcciones de sindicatos y partidos, y fueron representantes en parlamentos y ayuntamientos. Por su “compromiso social” conectaban bien con la socialdemocracia cristiana que ocupaba dirigencias en UCD y algunos también en AP. Y llegaron los “pactos de La Moncloa” en el 87 y el PCE crujió: los más, digamos, librepensadores, abandonaron o les echaron del PCE; en Zaragoza puede decirse que sólo quedaron los cristianos como fuerza relevante y ocuparon su secretaria general durante años. Los malos de la película o eran traidores socialdemócratas o radicales ilusos, demasiado idealistas.

Creo que no me equivoco mucho si digo que aquellos cristianos del “compromiso social”, incapaces en su juventud de separarse de una Iglesia corrupta, nacidos entre 1940 y 1955 siguen siendo los muñidores de la política llamémosle de izquierdas en Aragón; Izquierda Unida de Aragón, ZeC, Unidos Podemos, y, pronto, Podemos son su territorio colonizado; sus jóvenes y los cada vez más descreídos han ido aprendiendo.

Nunca oiremos una explicación de lo que hacen que no sea a toro pasado, jamás una mirada crítica sobre su actuación. Simplemente están y viven del posibilismo oportunista, acogen a quien quiera que les pueda servir y, si se hace crítico, lo alejan. Ahora, con las redes, se acortan los plazos de expulsión, y las posibilidades de ofrecer una versión diferente es, paradójicamente, más difícil, marginal.

Las demás gentes, las que con mirada crítica participaron una y otra vez, nunca están en las fotos, como si nunca hubieran estado; sólo, y pocas veces, se les pone en los documentales de memoria histórica.

En tres años he visto el mismo proceso en ZeC y en Podemos de Aragón; a la alegría de oír voces de pensamiento crítico e independiente en sus primeras asambleas, ha sucedido la melancolía de verlos desaparecer de la escena… Ellos, todavía tan jóvenes, ya no cuentan o ya no están.

* Pongo la expresión bajo-latina CUM GRANO SALIS porque es la divisa fundamental de estos cristianos. Que se entiende así: como el grano de sal es imprescindible en la confección del pan, y no fermenta la masa sin él, de la misma manera ellos, “como grano de sal”, son imprescindibles para que la sociedad humana alcance el reino de dios , ya que con Teilhard de Chardin (pasado por Hegel), la historia de la humanidad crea a dios en su devenir, porque él es alfa y omega de la historia, su principio y su final. (el éxito de esta doctrina teilhardiana y jesuítica coincidió con la expansión del humanismo cristiano en los años 60 del siglo XX) Obviamente, el pensamiento crítico no tiene cabida donde lo que se juega son los planes de dios o la historia de la humanidad.

[Espero que podáis perdonarme tanta pedantería junta]

Hasta tal punto manipulan la historia que lo que es una herramienta fundamental de la lucha civil contra la opresión aparece ya para muchos como de tradición cristiana; me refiero a la desobediencia civil y al pacifismo. Fueron los y las trabajadoras mineros e industriales europeos y americanos del siglo XIX los iniciadores, y fueron los movimientos por la independencia de India los que le dieron relevancia política. Los cristianos durante siglos fueron partidarios de la violencia sagrada contra los enemigos del pueblo de dios, tanto si tenían el poder como si soportaban sus desmanes.

En lo personal diré que, mientras los cristianos de los 60 apoyaban sin reservas las revoluciones china y cubana, los críticos no podíamos estar ahí, y nuestro argumento era y sigue siendo que de las sublevaciones armadas solo se siguen dominaciones militares, y, por muy populares que se proclamen, no dejan de ser modelos jerárquicos y patriarcales, sin posibilidad de pensamiento crítico.

Hasta aquí la mirada de este iluso que confía en la luz de la razón , en el pensamiento crítico.

Mi mayor pesar durante años ha sido ver una y mil veces la cantidad de energías derrochadas en procesos que una y otra vez han sido acaparados por estas gentes desleales (su lealtad está con el altísimo, o con quien esté más alto); la cantidad de gentes que se han retirado a la vida privada.

Quiero pensar, me aferro en ocasiones, a que lo privado es político: que sólo si desde nuestra vida más íntima nos guiamos por la razón, es posible organizarnos socialmente sin la deshumanización del patriarcado y la consiguiente dominación de unos pocos.

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