Cuando el fútbol es mero negocio. Por Antonio Domínguez

Antonio Dominguez

No soy futbolero pero cuando se trata de ello me amorro al televisor y veo.  Suelo aburrirme y siempre me pregunto las razones que empujan a tantas buenas gentes a gozar a veces y sufrir muchas otras con las gestas (más goles unos que los otros) de su equipo, la belleza del ballet bruto en pos de un esférico escasa, como las gotas del Chanel número 5. Algo de magia había en esos once contra once y un trencilla tratando de ordenar las reglas.  Pero el fútbol , hoy,  ya es simple negocio, como tantas y tantas otras actividades, aunque sigue  despertando pasiones. Y aquí entra mi hijo, un zagal que ha jugado y se siente fan  de un Zaragoza que le genera más llantos que gozos. Jugar al fútbol es asunto bello. Ver como lo hacen  y sentir unas siglas concretas, otro. Cuando los equipos eran clubs con sus socios y seguidores todavía podía asumirse que representaran los alientos colectivos, el nombre de la ciudad, sus inconclusas identidades,  hasta una cierta identidad. Pero hoy son sociedades anónimas deportivas, con intereses varios y la verdad, me duele mucho el sufrimiento de mi hijo cuando los blanquillos hacen el ridículo.  Y es entonces cuando no debo callar la voz y le digo que no hay que hablar de deporte cuando solo se trata de negocio utilizando la bondad de las gentes. Este Real Zaragoza (¿por qué Real?) de ahora, como el de no hace tanto, es una empresa en la que  mandan las familias que en tantos otros sitios lo hace , con el solo objetivo de engordar las arcas. Los Yarza, los Aliertas vía Saínz de Varanda, los útiles Lapetra… y al fondo que si un estadio nuevo, que si renovar la Romareda, que si los traspasos, que si Eduardo Bandrés (¿por qué razones?) todavía está como directivo en la Federación Española que rige el tan acusado actual presidente. Una cosa es el deporte, los sanos impulsos de quienes necesitan conjurarse al ritmo del gol, los gritos, el forofeo o el pasar un tiempo en impulso colectivo y otra muy distinta ese mundo de negociantes expertos en traspasos millonarios, en furrufallas y trapicheos mil.  Sin embargo, mi hijo se viste de blanco y azul, y llora, y no comprende nada. Signo de los tiempos. ¿Volverá el Real Zaragoza algún día a ser el club de los ciudadanos y no de los negociantes? Aunque acaso no tarde en llegar por aquí algún chino…

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