La deriva de Javier Lamban, presidente del Gobierno aragonés, y la astracanada del impuesto de sucesiones

La deriva de Javier Lamban, presidente del Gobierno aragonés, y la astracanada del impuesto de sucesiones

El impuesto de sucesiones desnorta a Javier Lamban al que le viene grande el cargo.

El presidente del Gobierno aragonés, Javier Lambán, lleva tiempo moviéndose en un absoluto caos. Íntimo de Susana Díaz y radicalmente enfrentado a Pedro Sánchez, con quien ha tratado de limar asperezas (aunque las heridas todavía están abiertas), hace unos días, con motivo del día de Aragón pronunció un discurso del más rancio españolismo que en muchos aspectos podría asumirse si no fuera porque en fecha tan señalada habló de todo salvo de Aragón, la Comunidad que preside. Ya había mantenido, en fechas anteriores, un encuentro con Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, del que ambos salieron muy satisfechos, a pesar de que el gobierno que preside lo es gracias al acuerdo con CHA y el beneplácito de PODEMOS. Mientras tanto, su partido es un gallinero en Zaragoza capital y está teniendo serias dificultades para lanzar a su candidata a la alcaldía de la ciudad, Pilar Alegría, no teniendo empacho alguno en cesar a aquellos miembros del PSOE en instancias de gobierno que han optado por otros candidatos. El Psoe zaragozano vuelve a ser un carajal cada día más parecido a aquel Beirut al que en su tiempo se refirió Alfonso Guerra. El otro día no se dignó acudir a la manifestación de Teruel Existe, una clamorosa ausencia que le pasará factura. Y ahora mismo acaba de pactar con Ciudadanos la rebaja del impuesto de sucesiones sin contar con sus aliados de la izquierda, acuerdo de imposible materialización al no contar con los apoyos suficientes para sacarlo adelante.

El presidente Lambán anda desnortado y solo está actuando en clave electoral, soñando ya con un pacto con Ciudadanos que le permitiría gobernar cuatro años más. Vano empeño, tanto porque el socialismo, de su mano, está a la baja y perderá más votos de los que piensan, como porque Ciudadanos hará valer sus resultados como previsible primera fuerza política y, de la mano del PP querrá hacerse con la presidencia de la DGA, a cambio de dejar el Ayuntamiento zaragozano en manos del PP.

¿A cuenta de qué esta astracanada del impuesto de sucesiones? Su repercusión es mínima y carece de incidencia en todos los niveles. A todas luces es insuficiente y solamente puede explicarse en clave electoral. Podrían haber actuado como en otras Comunidades, máxime cuando la política tributaria que sufren los aragoneses es mucho mayor que la existente en otras regiones. Pero aquí todo vale y de la mano del ubicuo, indefinido y taimado consejero Fernando Gimeno, ya está en marcha un recorte de 65 millones en el gasto para equipamientos, y seguro que vendrán más, lo que sencillamente significa que se ha puesto en marcha la voladura de los acuerdos presupuestarios y de inversiones en los que los ilusos miembros de PODEMOS creían. Claro que Gimeno decide, pero bajo la superior responsabilidad de un Javier Lambán que cada día que pasa pone más de relieve que le viene grande el cargo.

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