Trump, paradigma del extremismo reaccionario

Trump paradigma del extremismo reaccionario
Javier Jiménez Olmos
Javier Jiménez Olmos, Doctor en “Paz y Seguridad Internacional” por la UNED. Miembro del Seminario de Investigación para la Paz de Zaragoza.

El asalto al Capitolio es todo un síntoma de las crisis de las democracias y una consecuencia del auge de los extremismos reaccionarios. No hay que olvidar que el actual Presidente de los Estados Unidos (Donald Trump) ganó unas elecciones para alcanzar ese puesto y que, en las últimas, aunque perdedor, ha conseguido el respaldo de setenta millones de sus conciudadanos.

La democracia ha llevado al poder a un personaje que de no ser porque representa a la mayor potencia del planeta, pensaríamos que es el presidente de cualquier república bananera. Un hombre de dudosa integridad moral, con escaso bagaje intelectual y con tintes fascistoides, incluso en su gesticulación.

Pero Trump ha estado de Presidente cuatro largos años, en los que ha contribuido como nadie a la polarización de su país y a empeorar las relaciones en diferentes regiones del mundo. Su contribución a la paz ha sido nula. Su legado a nivel nacional es una sociedad peligrosamente dividida.

El asalto al Capitolio es una de las consecuencias de sus proclamas agresivas al más puro estilo fascista. Si este fuera el último acto de sus fanáticos seguidores, los norteamericanos se podrían dar por satisfechos. Pero es probable que esta gente prosiga en sus intentos desestabilizadores.

Lo que ocurre en Estados Unidos es mucho más preocupante que lo que pueda suceder en otros países con menor potencial y, por tanto, con menor influencia. Desde el punto de vista de la seguridad conviene recordar que en poder de los ciudadanos norteamericanos se almacenan millones de armas ligeras. Los cálculos estimados es que hay 120 armas en poder de cada 100 ciudadanos. Es decir, que cada uno de sus 317 millones de habitantes posee al menos un arma de fuego (en España esa cifra es de 7,5 por cada cien).

Demasiadas armas en circulación en una sociedad polarizada. Conviene también recordar que esas armas en situación “normal” también se han disparado (en 2019, murieron por disparos de armas ligeras 38.730 personas en Estados Unidos) ¿Qué ocurriría si la división social se descontrolara?

Además de esas armas ligeras, Estados Unidos dispone de las fuerzas armadas con el armamento más sofisticado, con el mayor presupuesto mundial (732 mil millones de dólares en 2019), y con el mayor despliegue militar en el mundo. Y todo ello sin olvidar que Estados Unidos tiene el mayor arsenal atómico mundial, con más de seis mil ojivas, de las cuales unas 1.750 están desplegadas y listas para su lanzamiento. Todo ese enorme potencial militar ha estado durante cuatro años bajo el mando de un presidente cuyo comportamiento ha estado muy lejos de ser considerado pacífico.

Sin embargo, Trump no es un hecho aislado en el contexto internacional. No se puede decir que haya creado escuela (por desgracia no es algo nuevo en la historia de la humanidad), pero sí que ha conseguido impulsar una forma de hacer política que se ha llamado en calificar de populista por suavizar el lenguaje, porque en realidad se podría denominar como una forma de extremismo político ultraconservador.

Un populismo que se ha extendido como otra pandemia, un populismo que propaga el mensaje de la identidad cultural, religiosas y de raza amenazadas. Un populismo que trabaja las emociones y ofrece “soluciones” que calmen el descontento y la frustración.

Un populismo que se presenta como firme defensor de la libertad y la democracia, pero a la que acusan de no ser representativa, porque esos populistas se consideran la única y verdadera representación del pueblo.

Un populismo que fomenta el extremismo, la intolerancia, la xenofobia, el racismo. Un extremismo reaccionario que desde el punto de vista de la seguridad mundial representa un riesgo para la paz mundial.

Trump, paradigma del extremismo reaccionario, se va, pero ¿conseguiremos que se acabe el trumpismo?

Javier Jiménez Olmos

Publicado en mi blog Paz y Seguridad Internacional

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